martes, 16 de junio de 2015

Nobody can save you

"Limítate a mirarlos. Escúchalos. ¿Quieres ser así?", brama el viejo Bukowski en el verso más álgido del poema Nadie sino tú (Nobody can save you, en el original inglés). Esa poesía, junto a Lanza los dados (Roll the dice) constituyen, desde el punto de vista del autor de este blog, la "flor y la nata" de la filosofía bukowskiana.

De apariencia misántropa, ambos poemas son un auténtico anti manual de autoayuda, aunque pueden terminar ayudando a más de un lector, pero en este caso en serio. De lo que se trata es de ubicar al sujeto en el centro de sí mismo, recordándole que es él mismo el único con quien cuenta, en definitiva. Dicho de otra manera: se trata de recordar, mediante el único camino posible -la sinceridad-, que la única llave maestra la acarrea uno aunque, claro, no esté consciente de ello.

En épocas en que la angustia, considerada por Kierkegaard como el vértigo de la libertad, parece frenarlo todo, oscurecerlo todo, estropearlo todo con ese insoportable sabor a desengaño, la recuperación de Bukowski puede ser mucho más que reconfortante: puede ser útil.

Lo que reluce misántropo y soberbio, oculta en verdad una voluntad radicalmente humanista: la de subjetivar al individuo objeto, al individuo presa, al individuo nada. Víctima del sistema, de los demás y de sí mismo. En ese orden, de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, pero víctima al final.

Son poesías de lectura pausada y de cadencia espiritual. Como si el propio arte quisiera sacudir amablemente a ese otro que vive adentro nuestro, que quién sabe por qué, se dejó avasallar, y tanto.

Se trataría, según Bukowski, de "lo único por lo que vale la pena luchar".