Marx también era un poeta
En busca de una esencia olvidada
viernes, 11 de enero de 2019
Analgesia para el homo capitalista
sábado, 24 de marzo de 2018
24 de marzo. De padres e hijos.
Todavía es 24 de marzo. Es el primer 24 que comparto con ella. Es el primero de ella, por ende. Desde el día anterior algo se agitaba dentro mío. Acaso sean las connotaciones de la fecha: 1) mi papá fue setentista, pero no conoció a su nieta; 2) la sociedad que parió el golpe del 76, está viva y saludable; 3) algo de aquella luz de hace más de 40 años (que también, quizás, fue la de mi papá) se recrea, cada 24, bajo formas nuevas y en otras escalas, pero lo hace; 4) porciones monumentales de la antigua epopeya están aún enfundadas en sus pañuelos, cercanas a los 100 años, peleando causas justas, como si no hubiera un mañana; 5) los ojos de Milena se asutaron, algo, ante la magnitud y el sonido "del 24"; pero son ojos de bebé, ojos de mujer de un siglo XXI que la espera, paciente e inquieto, a la vez. Quiere conocerla.
Los 24 de marzo nunca son indolentes. Guardan consigo la carga de la historia, en el momento exacto en el que cruza y mezcla, hasta indiferenciar, lo colectivo de lo individual, lo pasado con el presente y con lo que vendrá. Eso es el 24 de marzo: el todo en la parte, y su continuidad en la generación de nuestros hijos, que harán lo suyo, a su manera y como puedan, aunque seguro mejor, mucho mejor que nosotros.
jueves, 14 de diciembre de 2017
3 meses
Milena hoy cumple 3 meses. Desde aquel insuperable 15 de septiembre hasta hoy, nada nunca me pareció, ni de cerca, más importante que ella. Un hijo/a pone en juego hasta el narcisismo, que se siente desplazado a un segundo plano, por primera vez en su vida, pobrecito él.
En estos 3 meses me regaló de todo con sus, ahora, 6 kilitos:
el descubrimiento del GENIO que fue María Elena Walsh (sólo con "Los ejecutivos" o con el verso dedicado al vigilante y al juez en "El reino del revés" le alcanza para entrar en el panteón de los notables);
el regreso a la fascinación ante las novedades vitales (formas, colores, sonidos, manos) que se habían perdido en la noche de los tiempos de eso que llamamos, contradictoriamente, crecer;
la sorpresa enorme e inocente ante el descubrimiento de la sonrisa social, y de la palabra que, por ahora, viene en forma de diálogos de balbuceos;
la inocencia en la mirada de una cara chiquitita;
la expresión de esa inocencia;
la necesidad infinita de que siempre esté bien.
Qué 3 meses más nuevos y lindos, Mile. ¡Gracias!
Te amamos con amor sin igual,
papá y mamá.
(nunca, pero nunca, seas policía)
lunes, 30 de octubre de 2017
45 días
Milena cambia, casi a diario. Aprende pequeñas cosas todo el tiempo. Se concentra por espacios breves en las cosas de la vida que verdaderamente importan: los sonidos, las luces, los colores. Y todos combinados, también. Hace 45 días que lo hace. Es chiquitita, debe estar acercándose a los 4 kilos, pero está llena de energía, como un big bang pelado y cachetón.
Lo que Milena hizo sin saberlo es llenar nuestra vida de colores. No es que antes no los hubiera, no: pero se llenaron de luz y de formas. Otros son nuevos. Y bailan.
Quizás la paternidad sea eso, también: una nueva forma del color, que uno no sabía siquiera que existía.
Sigo pensando en lo que somos, nosotros, los humanos. Somos esa fascinación primera por lo importante (sonidos, luces y colores) que anulamos al crecer porque lo que nos cuestan son, siempre, las cosas bellas.
jueves, 26 de octubre de 2017
Hija
Te miro crecer todos los días. A veces crecés a lo largo de un mismo día. Todo te interesa; todo es inaugural: los colores, los sonidos, los olores, las formas. Todo lo que te pasa hace que nos pase, a papá y a mamá, como de nuevo: es como empezar a vivir otra vez, pero más lindo. Volvemos a empezar el viaje, con las ganas intactas, pero de a tres.
lunes, 9 de octubre de 2017
24 días
Milena mira como puede, sobre sus manitos, sobre las mantitas, sobre el mundo que se le tira encima y quiere todo de ella. Mueve sus manitos con estilo, a veces al compás de sus piernitas, trata de mover todo el cuerpo, abre la boca, los ojos enormes y azulados, hace ruiditos, reclama como puede. Le gusta la música, la tranquiliza, pareciera sentir cierta inclinación por Charly, Silvio Rodríguez y los Beatles. Tal vez se trate simplemente del deseo del padre que, como el mundo, quiere todo de ella.
Impresionante la especie de la que formamos parte, al nacer: somos chiquititos, frágiles, un cúmulo de limitaciones y necesidades. La evolución y la selección natural, evidentemente, lo compensan con lo que viene después, que es privativo de nosotros y de nadie más: transformamos lo que nos rodea, y podemos ver esa transformación antes de que ocurra, en la cabeza.
Yo, que en 34 años jamás me reconocí nada, nunca se me ocurrió felicitarme (más bien me reproché, y lo sigo haciendo) siento por primera vez algo distinto, una novedad en el cuerpo: tal vez sea eso, la sensación extrañísima de haber hecho algo, alguna vez, bien.
sábado, 23 de septiembre de 2017
La vida
La madre se la da.
Freddie Mercury canta y canta, canta
como si fuera a haber mañana.
El sol
entra por la ventana, tenue pero vivo, cálido,
vital.
Hablemos,
algún día hagámoslo,
por favor
sobre la vida, sobre los lugares por donde transcurre, sobre de qué se trata.
A veces se siente en el cuerpo, ella, la vida.