domingo, 10 de mayo de 2015

Sueño de la mujer doliente

El cuerpo encogido, duele. 

El cuello, duele.

La espalda, duele 

El alma, duele. 

Duelen los recuerdos que dolieron ayer. 

Duelen los velorios, duelen los entierros y duelen los duelos, 

cómo no van a doler si se llaman así.

Duelen porque viven. Duelen en los vivos.

A los vivos.

A los buenos.

A los nobles.

A los inocentes.

A los sensibles.

A los transparentes.

A vos, en tu belleza magnánima, onírica y de terciopelo, te duele.

No podría ser de otra forma.

Pero pasará.

Siempre. 

Siempre pasará. 





1 comentario:

  1. En los vivos los dolores, que son parte de lo que nos hace sentir vivos, que se funden con una felicidad extrema, que se curan leyéndote, sintiéndote, amándote. Dolores de muerte de una, para que viva otra, que también es una. Dolores de vida que se vuelve de a dos. Dolores de la despedida de la soledad que se había instalado y parecía querer quedarse. Pasan. Siempre pasan. Y vuelven metamorfoseados. Siempre vuelven. Porque siempre tienen que recordarnos que pasan. Y que vivimos. Sé que no se agradece, no con tanta formalidad. Pero gracias, profundamente gracias.

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